Sentando plaza

Estuvo unos años en el País Vasco y no guarda buen recuerdo. Sentados en el café me dice:

-Mala gente.
-No generalices que yo soy medio vasco.
-Van de majos pero a la que te descuidas te la arman.
Él sabrá. Cada uno habla de su experiencia y de cómo le ha ido. No debe ser fácil guardar buen recuerdo de la vida en una casa-cuartel, tal vez rodeado y espiado por gente que desea matarte. Después pasó unos años en Galicia peleando contra los narcos y terminó aquí. Le llegó la jubilación y no ha querido moverse, se vive bien en este pueblo: tranquilidad y buenas temperaturas en invierno.
-Hasta las culebras son malas allí. Para una que vi era víbora.
Luego me cuenta cómo la montaron con unos sacos de ranas que soltaron una noche para asombro de los vecinos, que pensaban haberlas recibido del cielo.
Lo encuentro en el café cuando aparezco por allí. Ya han muerto dos de la tertulia pero aún sigue la cosa y, francamente, me entretiene con sus aventuras de etarras y delincuentes.

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