Un bicho en la espalda

Eugenio Lucas (1817-1870). Paisaje.

 

Esta mañana, mientras me lavaba el pelo en la ducha, ha comenzado a salir agua fría. Más que fría, helada. Lo que perturba nuestro entendimiento no es el choque de una realidad nueva sino lo imprevisto, aquello que no había podido ser pensado.

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Una paradoja curiosa: ahora que ya no soy de campo ha venido un bicho, seguramente una araña o escolopendra pequeña, a picarme en la espalda. Me ha hecho un buen desaguisado y tengo que aplicarme una pomada con corticoides varias veces al día para contener el daño. En tantos años de vida al aire libre y nunca me tocó bicho alguno.

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Cuando tomamos una decisión no acertamos en todo. Hay gente, estupenda por otra parte, que trata de convencerse a sí misma de que la elección resultó un éxito rotundo. No es verdad. Acertamos en algunas cosas y fallamos en otras. Las decisiones no se toman objetivamente sino en función del momento, de las tripas y de una experiencia acumulada que termina decidiendo por nosotros. Y nos habremos dejado algo atrás que también estimábamos..

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Mi generación creía idolátricamente en un Ello que resolvía y tomaba decisiones por nosotros. Pienso en el éxito de charlatanes divertidos como Groddeck. Nada de eso hubiera sido posible sin Freud y su teoría del inconsciente. Sin embargo, estos lectores de libros de divulgación científica sobre neurociencia que constituyen la base de lo que vienen en llamar nuevo ateísmo, que es lo mismo de siempre pero en liberal, han dado en todo lo contrario: poner al cerebro en el lugar de Dios, una forma de idolatría peor si cabe.

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Vendo y cambio cacharros fotográficos estas últimas semanas. En unos pierdo, en otros gano pero observo una tendencia: a más moderno, peor. Mantienen mejor el precio las cosas que siempre fueron buenas que las que son sólo antiguas o que estas novedades numéricas que funcionan como computadoras en miniatura haciendo que hasta los tontos sean capaces de hacer fotos, con lo que la fotografía ha perdido por completo su parte de riesgo, de imprevisto.

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Como fruto de estas ventas y cambalaches llega a mis manos una Leica MP. Es la respuesta de la veterana fabriquita de Wetzlar -y ahora Solms- a todo este barullo numérico. La cámara es completamente manual, sólo mecánica, como en los buenos tiempos. Si quieres una foto la tienes que hacer.

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Parece que es necesario poner todo en orden en el plano material para alcanzar la tranquilidad pero también la justicia o el deseo de venganza, según quién observe. No hay nada por lo que no haya que pagar un precio, a veces molesto y otras doloroso.

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Hablo de esos, amigos o no, que te dicen: Si opino sobre tu obra o sobre ti, es para decir lo que pienso con sinceridad. Y luego, haciendo bueno el dicho de que donde hay confianza da asco, te sueltan cosas que no le dirían ni a su peor enemigo. Y aún más, pues en lugar de consejo u opinión parece venganza.

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Se menciona el cerebro de la mujer o del hombre para decir que se afronta la realidad según el sexo. No opino yo tanto: he visto -y sufrido- a mujeres pensando como hombres y hombres pensando como mujeres. Y aún híbridos, que tal vez sean los peores.

 

2 pensamientos en “Un bicho en la espalda

  1. Las escolopendras son muy vistosas, o a mí me lo parece cuando llego a ver alguna. Si supiera, haría estampas con sus formas. Las tropicales tienen mucho peligro, entiendo, mucho más que las ibéricas.

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