Hacer magia

 

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En el tiempo del miedo medran los partidos autoritarios. Calman a la gente y le hacen creer que los problemas tienen una solución sencilla. No creo que haya un solo caso en la historia en la que no se haya dado esta condición como preámbulo a una dictadura.

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En El Prado con J. Tiene buen ojo y se fija en el retrato del duque de Lerma por Rubens (?). Se fija en que no puede ser de Rubens y me alegra porque son ya muchos años que vengo pensando y diciendo lo mismo. ¿Quién ha podido cometer un error de tanto bulto? ¿No están a la vista el color mortecino y terroso de la carnación, la torpeza en el dibujo, el caballo que flota en el aire y una textura que no es propia del flamenco?

Mi interpretación es que Rubens hizo un retrato similar a este, que se ha perdido. Está documentado y el propio pintor habla de ello. No me dice nada que el del Prado esté firmado o que la procedencia parezca rastreable: la pintura es elocuente por sí misma y la imposibilidad ontológica no es de este mundo.

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Pasamos por las salas de pintura del siglo XIX y nos detenemos en los grandes cuadros de Historia. Siempre un alarde técnico pero, en ciertos casos, gran pintura. El que haya mucha literatura sobre el lienzo es un obstáculo, cierto, pero hay que mirar las obras por fragmentos, deleitándose en la capacidad representativa.

Los modernos acabaron con esto, creyéndose genios. “Hemos terminado con todo lo que no es estrictamente pintura”, un reduccionismo francamente aburrido e incluso miserable pues escamotea al espectador bastante de lo que puede hacerle feliz. La pintura en esqueleto aburre que mata, son inventos de jacobinos o anacoretas embusteros. En Altamira hay líneas y colores sobre un plano (más o menos) pero está el bisonte. Y corre que se las pela. Y no sabemos, sólo especulamos, qué significa; si está ahí para conmemorar o hacer magia.

Hace muchos años montaron una tremenda exposición de pintura española de Historia en el Cason del Buen Retiro. Coincidimos aquella tarde tres pintores, en el Casón vacío. Uno de ellos era Antonio López. Nos sorprendimos todos y a Antonio le pareció bien extraño que aquella pintura, aquellos cuadrancos, interesara a un par de jóvenes tan vanguardiosos. Hablamos del tema y, en un momento de la conversación, dijo algo memorable: “Esto hay que pintarlo“. “Hay” en el sentido de “ser capaz de hacerlo“. Y no se puede decir mejor.

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Los literatos no suelen acertar con la pintura porque sus habilidades sensitivas son diferentes. El caso Unamuno y Machado a propósito de Sorolla es revelador: ambos preferían a Zuloaga, un pintor muy de segunda fila, y se permitieron hacer comentarios desabridos sobre la obra del levantino. Miraban el tema y veían mejor representada España (sic) en la falsilla del vasco: Castilla eterna -decía Unamuno al tiempo que tildaba a Sorolla de esteticista y mercader. Ese prejuicio fue arrastrado hasta mi juventud y lo heredaron los modernos, que también echaban pestes del gran iluminista sin caer en la cuenta de que era muy superior a ellos y el último gran pintor de la tradición española.

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Un clérigo afgano violó a una niña de 10 años y es bastante probable que la familia ya la haya matado para lavar con sangre la afrenta, pues la culpa es de la niña por haber tentado y no del clérigo por ser un canalla. El tremendo papel de las mujeres en las religiones del Libro hasta la divinización de la figura de María, madre de Cristo. Creadas de una parte no vital de Adán y causantes de la perdición del hombre. Representaban la mentira y no es por causalidad que fueran mujeres quienes vieron y proclamaron las primeras el dogma fundamental del cristianismo: Cristo resucitó. El Hijo de Dios no sólo las defendió y amparó sino que les concedió el privilegio de testificar su divinidad.

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Leo que una variedad de cocaína se conoce en Colombia por el nombre de truxillo entre los nativos. Tremenda venganza, sin Moctezuma ni papel higiénico.

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Escribe, sentido y dolorido, sobre la movida madrileña. Habla de musas, musos y todo lo contrario. No se da cuenta de que ha entrado en una edad en la que suele preferirse hablar del pasado porque apenas queda futuro. Pero cansa y estraga.

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Por fin un retrato de mamá. Lo encontré rebuscando. Su mirada todavía no se ha echado a volar hacia regiones donde no podemos seguirla.