Madre pianista, padre compositor

 

 

 

Madre católica, pianista; padre compositor y director de conservatorio. Educación musical profunda, al punto de haberse podido dedicar a los conciertos; criado entre artistas y gente de letras, liberalmente. Toca piano y violín, es agraciado, alto y distinguido. En lugar de la música elige como destino la Marina, el cuerpo de ejército más elegante. Lector de filosofía y devorador de novelas policíacas, se casa con una joven aristócrata de provincias y familia venida a menos, antisemita como la mayoría de alemanes de clase media que ven con preocupación los intentos de bolchevizar el país y creen firmemente en la teoría de la puñalada por la espalda. El hijo de Bruno Heydrich se ha convertido, en un interesante ciclo, en Reinhard Heydrich, uno de los artífices de la Solución Final.

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Los perros de jauría casi desaparecen durante la Revolución Francesa. En las quemas de palacios también ardieron los establos. Los caballos de caza sirvieron para ofrecer comida a la gente y los inútiles canes fueron sacrificados. Unos cuantos se salvaron en Inglaterra, los que pudieron llevarse las familias avisadas, y otros –orejas y rabos cortados para disimular su condición– en cabañas de granjeros leales, al fondo de los más apartados bosques.

Napoleón, que fue azote de Europa, también representó para los franceses la vuelta de la ley y el orden: persiguió el bandidaje, el campo quedó pacificado y se creó el cuerpo de guardabosques, con el mosquete terciado al hombro y una escarapela en la que podía leerse: La Ley.

En Inglaterra, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, un adolescente sin edad para el frente queda al cuidado de una jauría de beagles con más de dos siglos de tradición. Cada día, al rayar las primeras luces, los saca a pasear, en paquete bien formado, por los caminos y carreteras cercanos. Más tarde deberá reducir el ejercicio al mínimo para no agotarlos. Al principio de la guerra los granjeros aportan las reses muertas para alimento de la jauría, como marca la tradición. Más tarde todo se aprovechará y el joven debe acudir a las sobras de los acuartelamientos. Las provisiones son más escasas y tendrá que alimentar a los perros con mondas de patatas hervidas, lo único disponible.

En la apertura de la veda, tras la victoria aliada, el muchacho acude a la cita con su paquete de perros: apenas ha conseguido salvar una docena pero allí están, esqueletos sin carne, e incapaces de cazar. La gente llora.

Muchos años después estuve en el homenaje póstumo que se le ofreció. No vivió para ver publicadas sus memorias.

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Con el retrato de J. Cómo pensar que nos dejaría tan pronto.

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Debate doméstico sobre la conveniencia de poner un historiador al frente del Prado o seguir con la política de los gestores culturales. Si se trata de que el museo funcione con la eficacia de un corteinglés, que sigan con los gestores. Por mi parte, agotado el tiempo en el que los museos de pintura eran asunto de pintores –mejor así dado el cariz de lo que podría llegar a hacer un ¿pintor? en un lugar como ese– le ofrecería el cargo a Brown, que seguro no lo aceptaría.

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El revuelo de la falda de Manuela vale por todos los bailes del folklore ganso que consisten en darse la mano en corro o en lanzar patadillas al aire al son de una chirimía.

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Lo leí ayer y es cierto. Han estado matándose como perros en Siria y nadie ha dicho nada, fuera de las iglesias católicas y de la gente decente. Ha sido intervenir Norteamérica tras un bombardeo de los partidarios de El Assad (apoyados por la tiranía iraní) para que aparezcan los “No a la guerra”.

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Ya no está, se ha ido tan lejos que sus ojos no la muestran. No puedo retratarla, sería una mascarilla póstuma, tan falsas.

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Leo de los peligros que representan los narcisistas perversos. Puede, pero temo más a los fríos, a los que –en el momento de romper la amistad de años– son capaces de decir: haga como que nunca nos hemos conocido. Esos son capaces de todo.

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Breve viaje a Ávila por asuntos de trabajo. Qué aridez de la piedra, qué inclemente el campo que la rodea. La ciudad intramuros, tan bella en los detalles y tan áspera para los sentidos. Los tópicos de la ascesis y un cuadranco de Zuloaga, estimado por los llorones del 98.

La arquitectura del siglo XX, y lo que llevamos de esta larga postrimería, abolió el sentido muelle de la ciudad decimonónica, (el agua caliente y la red de saneamiento. Recuérdese: la historia de la Humanidad es la huida de los excrementos –el nomadismo– y el mejor invento, el que nos estabuló, la tubería que se lleva lejos la caca), paseos arbolados y jardines, enredaderas sombrías y fuentes públicas para el refresco de las venas dilatadas por el sol). En la ciudad vertical la plaza es espacio inútil, el jardín una muestra de especies.

En esta ciudad medieval en la que vivo, el odio al árbol viene manifestándose con crudeza a lo largo de los años. Han conseguido abolir lo que el XIX aportó y llevarnos a la ciudad ascética, sin más sombras que los edificios recalentados por el doloroso sol estival. Los árboles que sombreaban fachadas se quitaron para que no estorbasen el marco incomparable, el paseo arbolado es ahora una terraza con un aparcamiento bajo ella, las entradas al pueblo –último vestigio de la necesaria sombra caminera para carros y diligencias– se han liberado de la molesta presencia de los árboles.

Hace unos días me encontré en una gasolinera próxima con el inspirador del crimen. Compraba yo una cola zero y me dijo que él no bebería eso ni con dinero encima. Me pareció una observación plausible y callé –para no rivalizar en impertinencia– acerca de lo que él bebe en horas indebidas. Cuando se tiene un ego muy grande es peligroso dejar una ciudad a tu cuidado.

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No tienes por qué saber cómo se pintaba en un taller del Barroco pero puedes imaginar que los colores al óleo no venían en tubos, con la misma consistencia que una pasta de dientes, ni se compraban en las tiendas. La carta de colores no se había inventado y el maestro sabía distinguir la calidad del pigmento con echarle un vistazo, la bondad de un aceite mirándolo al trasluz. Supongo que habrá que ir escribiendo sobre esto.

 

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